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Palacio de Catalina la Grande en Pushkin y el salón de Ámbar

A las afueras de San Petersburgo se sitúa el radiante Palacio de Catalina la Grande en la localidad de Pushkin. Con abundante decoración rococó, tiene entre sus joyas el salón de Ámbar, realizado con paneles de ámbar y considerado por muchos como la octava maravilla del mundo. Con una historia cargada de reconstrucciones y excesos, el Palacio de Catalina muestra con oro y recargados diseños el antiguo esplendor de los zares de Rusia.

Palacio de Catalina la Grande en Pushkin, conociendo el salón de Ámbar

HORARIOS, PRECIOS Y COMO LLEGAR AL PALACIO DE CATALINA EN PUSHKIN


HORARIOS


De Mayo y Septiembre: de Miércoles a Domingo desde las 12:00 hasta las 17:00
De Junio a Agosto: De Miércoles a Domingo desde las 12:00 hasta las 19:00
Cerrado los Martes

PRECIOS


Adultos: 720 rublos
Estudiantes mayores de 16 años: 360 Rublos
Niños menores de 16 años: Gratis

COMO LLEGAR


Dirección: The Tsarskoye Selo State Museum-Preserve, 7 Sadovaya Street, Pushkin, St Petersburg, 196601

Situado a 30 kilómetros al sur de San Petersburgo.

METRO+BUS o MINIBUS


Metro
Coger el metro y dirigirse a la estación MOSKOVSKAYA (línea 2 color azul en dirección a Kupchino).

Salir fuera y dirigirse a las paradas de los autobuses. No están bien indicadas por lo que tendréis que preguntar y fijaros.

Bus o Mini Bus
287, 342, 347, 371, 382 y 545

TREN+BUS


Tren
Desde la estación Pushkinskaya (metro Pushkinskaya) a la estación Detskoe Selo (Pushkin)

Minibús
377, 519, 511, 545, 370, 376, 378.

TAXI


Bendito sea este método de transporte. Desde el Palacio de Catalina hasta la Plaza Sennaya nos costó 1200 rublos.

Salones del Palacio de Catalina

UN POCO DE HISTORIA DEL PALACIO DE CATALINA


El palacio de Catalina fue durante un espacio de tiempo la residencia de verano de los zares de Rusia. Su construcción en la ciudad de Tsarkoye Selo (Pushkin) corrió a cargo de Catalina I de Rusia, tras ella, su hija la Emperatriz Isabel lo demolió para construirse uno más grande de estilo rococó al que cubrió de oro hasta los tejados. Cuando Catalina II (conocida como la Grande) ascendió al trono, paralizó muchas de las reformas que su antecesora había programado en el palacio y en los jardines por considerar excesiva la obra y el gasto que suponía. Tras el fallecimiento de Catalina la Grande, el palacio fue abandonado.

Tejados de oro en el Palacio de Catalina

El Salón de Ámbar


Es la gran joya del Palacio de Catalina. Muchos lo consideran como la octava maravilla del mundo.

Este salón tiene una peculiar y ajetreada historia. Fue un regalo del rey alemán Friedrich Wilhelm I de Prusia a Pedro el Grande que la instaló en el Palacio de Invierno (Hermitage), pero la Emperatriz Isabel decidió trasladarla panel a panel hasta su palacio en Tsarkoye Selo.

Durante la Segunda Guerra Mundial, los paneles de Ámbar fueron a manos de las tropas nazis desapareciendo hasta nuestros días.

Durante la reconstrucción del palacio de verano, un equipo especializado en ámbar comenzó a reproducir los paneles mediante pinturas de la época por lo que hoy en día el Salón de Ámbar es una reproducción “casi” fiel del esplendor que tuvo antaño.

Foto del Salón de Ámbar desde la puerta

NUESTRA VISITA AL PALACIO DE CATALINA EN PUSHKIN


Antes de ir…


Como parte de nuestro recorrido por los lugares más emblemáticos de San Petersburgo, decidimos visitar el Palacio de Catalina que se encuentra situado en la ciudad de Pushkin, a casi 30 kilómetros de distancia.

Antes del viaje y guiados por experiencias de otros viajeros que alertaban de “gigantescas” colas para obtener la entrada en la puerta del palacio, decidimos comprarlas por internet al igual que habíamos hecho con Peterhof y el Hermitage.

Antecediéndonos a lo que nos esperaba, esta compra no fue tan intuitiva como las anteriores, resultando la web un poco enmarañada. Aquí tenéis el enlace directo para comprar la entrada, sólo tenéis que decidir el día de la visita al Palacio de Catalina. Una vez tengáis la compra realizada os dará un bono de resguardo que será el que tengáis que cambiar antes de entrar.

El estilo Rococó luce en cada rincón

De camino a…


Para ir al Palacio decidimos utilizar los transportes locales decantándonos por la combinación Metro+Bus. Sin duda es una opción que no recomendamos a los padres que viajan con niños y bebés. El metro de San Petersburgo, al igual que el de Moscú, carece de ascensores por lo que las escaleras hay que subirlas con la silla de paseo encima.

Estando ya en la parada del metro Moskovskaya, tardamos casi 20 minutos en encontrar el lugar donde paraban los autobuses y minibuses para ir al Palacio de Catalina ya que existen paradas en los 3 laterales.

Paco estuvo preguntando y hablando con los amables lugareños que nos indicaron donde paraba el bus.

Y llego el minibús, más parecido a furgoneta que a bus, nos montamos teniendo que plegar la silla de paseo de Helia ya que era tan estrecho que no entraba. Atestado de gente, Paco se sentó en el único sitio libre de todo el minibús con Helia, yo pasé el viaje integro de pie con la silla plegada en brazos. Una hora en esta postura que me aniquiló la moral y los brazos.

Casi dos horas más tarde desde que salimos de la Iglesia del Salvador sobre la Sangre Derramada llegamos a nuestro destino. Miré a Paco y se lo dije, ni loca regresaba de nuevo en minibús.

Que sí, que este transporte local fue muy económico pero ¿merece la pena perder dos horas para llegar? Si vuestras vacaciones son ilimitadas y disponéis de muchos días para visitar la ciudad puede ser una opción a tener en cuenta, en cambio, si solo disponéis de 4 días para visitar San Petersburgo no lo recomendaría.

En la puerta del Palacio de Catalina vimos un único taxi, crucé los dedos para que al salir hubiera alguno allí que nos llevara a San Petersburgo de forma más cómoda y más cara, casi me daba igual el precio, lo importante era no volver a pasarlas canutas en un minibús.

Acceso al Palacio tras cruzar la puerta de entrada

Una vez allí…


Si ya llegamos algo desmoralizados por esas dos horas de transporte, cuando te sitúas en la puerta del Palacio de Catalina te preguntas ¿y ahora para donde voy? Lo de las kilométricas filas dejó de ser una leyenda para convertirse en una realidad. Paco preguntó a unos policías por la entrada y le guiaron más allá de la frontera humana. Subiendo la cuesta llegamos a la puerta de acceso, justo a la derecha, una pequeña y solitaria caseta era en la que se podía cambiar los entradas online por los billetes de acceso. En sólo un minuto teníamos ya las entradas para el Palacio de Catalina.

Puerta de entrada al Palacio de Catalina la Grande en Pushkin

Dentro del Palacio de Catalina…


Cruzando la puerta de acceso, entramos al interior del Palacio, todo muy mal señalizado. Hicimos fila donde todo el mundo la estaba haciendo pero un amable señor nos indicó que teníamos que dejar la silla de paseo y la mochila en consigna. Vuelta atrás a dejar las cosas y de nuevo a la mogollónica fila de acceso.

Pasamos a una sala donde nos pusieron unas fundas para los zapatos y esperamos turno. No sé cómo, nos unieron a un grupo ruso teniendo que ir al ritmo de la soporífera guía.

Una vez entramos en las escaleras del Palacio de Catalina, comenzó a cobrar sentido toda la aventura anterior ya que su interior merecía parcialmente la pena sufrida.

El majestuoso salón de baile es sin duda una auténtica joya de arte.

El salón de baile en el Palacio de Catalina

Fuimos pasando por los salones al ritmo que marcaba la guía, pero Paco y yo decidimos ir un poco más rápido y nos escabullimos logrando tener buenas y casi solitarias perspectivas de todas las salas del palacio.

Llegados a la puerta de la joya del palacio, decidí realizar una foto del salón de Ámbar ya que había leído que desde fuera sí se podía hacer, pero en menos de un segundo tenía a una señora con un abanico tapándome el objetivo, y esto desde fuera y sin flash. En teoría, no permiten fotografiar su interior para que el flash no dañe los paneles de ámbar. Desde fuera y sin flash sigo sin entender porque no me dejó.

Una vez en su interior, aunque bonito, me pareció que el título de Octava Maravilla del Mundo le quedaba grande, antes que a este salón yo se lo otorgaría al Hermitage entero.

Salones del Palacio de Catalina

Proseguimos avanzando por los salones adelantando a bastantes grupos y disfrutando de algún momento de paz hasta que finalizamos el recorrido.

Felices recogimos en consigna la mochila y la silla y salimos al exterior. Ver un palacio al ritmo de una guía que te explica en ruso cada aplique de cada lámpara con una niña pequeña es algo para lo que hay que tener mucha paciencia viajera y eso contando, que Helia fue una campeona y no dijo ni pío durante la visita.

Una vez en el exterior, paseamos por los jardines, bastante menos vistosos que los de Peterhof y dimos por concluida la aventura palaciega.

Jardines en el Palacio de Catalina

De regreso, recordé a mi amigo el taxista que aún seguía en la puerta. Nos aproximamos y le preguntamos el precio para regresar a San Petersburgo, nos dijo que 1200 rublos. Intenté regatear pero el señor se negó. Siendo el único que había allí y con lo mal que lo había pasado a la ida, le dijimos que sí y pusimos rumbo a la Plaza Sennaya (la siguiente parada del día).

El trayecto duró 40 minutos que justifican de sobra, el precio que le pagamos al señor taxista.

Si después de todos estos obstáculos aún deseáis conocer el Palacio de Catalina en Pushkin para deleitaros con su salón de Ámbar, recordar comprar las entradas por internet para evitar largas filas y decidir que método de transporte queréis utilizar que este acorde con vuestro tiempo y bolsillo.

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